«Mango Renting» ya está disponible, el programa ofrece un total de 40 prendas para fomentar el alquiler de ropa. La circularidad toma especial protagonismo en este proyecto.
El alquiler de ropa no es nuevo. En especial, cuando hablamos de piezas para ocasiones especiales. Eso sí, no es un fenómeno tan usual cuando hacemos referencia al préstamo de ropa para el día a día. Más allá de plataformas como Borow, Olibati y La Más Mona (que, justo, es la que trabajará mano a mano con Mango a partir de ahora), numerosas firmas del universo low-cost se suman a esta idea que promueve la moda sostenible y la circularidad. Actualmente, «Mango Renting» es un programa piloto, como apuntan en Fashion United, pero la esperanza está puesta en que sea un proyecto de gran escala.
«Mango Renting»: cómo apuesta la empresa por el alquiler de ropa
En el medio anteriormente citado detallan que este programa incluirá «una suma de hasta unas cuarenta referencias que se irán actualizando mes a mes, y para las que en el caso de esta selección de debut, se han terminado por reunir una suma de vestidos y de toda clase de conjuntos, que encontraremos situados en una horquilla de entre 30 a 36 euros. Importe este que deberá de abonarse por el total de los 4 días que el nuevo servicio brinda para tanto probar como para lucir las piezas escogidas».
Iniciarse como clienta del proyecto de alquiler de Mango es muy sencillo, tan solo debemos seguir tres pasos. «Se empieza por dar pie con la elección dentro de la web de aquel vestido o conjunto que deseamos alquilar. Pieza o piezas para las que únicamente deberemos escoger la fecha de entrega de entre las disponibles para las prendas en cuestión, marcando ya de manera automática en los 4 días siguientes la fecha para su recogida. Una devolución para la que se nos vendrá a recoger la pieza, pudiendo escoger el que esto se haga tanto en la misma como en una nueva dirección a la de la entrega».
En talentiam hemos acudido a la web del programa para comprobar, de primera mano, la fórmula del éxito de la compañía catalana. Como podéis ver a través de las capturas de pantalla que hemos realizado, ya están disponibles varias prendas, en especial vestidos y trajes de fiesta, cuyo alquiler está disponible en diferentes fechas. Suponemos que, poco a poco, veremos crecer este proyecto con un número mayor de piezas aptas para el alquiler (o eso esperamos, a favor de las nuevas formas de consumir moda que respete a nuestro entorno).
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Zara y Mango (dos gigantes de la moda rápida a nivel mundial) acaban de presentar sus manifiestos eco de cara a los próximos años. Nos hacemos eco de estos datos.
El debate está abierto: sostenibilidad y fast-fashion parecen no ir siempre de la mano. Pese a que numerosos estudios apuntan que es difícil conjugar ambas palabras en una misma frase, tanto Zara como Mango (dos gigantes de la moda rápida a nivel mundial) acaban de presentar sus manifiestos eco de cara a los próximos años. En talentiam nos hacemos eco de estos datos que apuntan a dar bastante de qué hablar y que reabren la polémica sobre esta temática.
Zara y los objetivos que tiene pendientes de aquí a 2040
Primero, nos detenemos en las intenciones de Zara. Tras sumarse al Pacto Mundial de la ONU en 2001 e implementar su primer Plan Estratégico Ambiental en 2002, la firma está dando grandes pasos en materia de sostenibilidad. Para este 2022, Zara desea que «un 50% de los productos que comercialice a lo largo de este año estén fabricados bajo su estándar Join Life, que etiqueta a las prendas que han sido producidas con materiales y procesos más sostenibles. También en 2022, se espera que la energía consumida en sus instalaciones (oficinas, centros logísticos y tiendas) provenga de fuentes renovables», leemos en Trendencias.
Para el próximo año, «el objetivo es que todo el algodón empleado para la producción de las prendas tenga un origen sostenible (algodón orgánico, Better Cotton o algodón reciclado), y que todas las fibras celulósicas se produzcan siguiendo exigentes estándares medioambientales, apoyando así la iniciativa de la Fundación Changing Markets que promueve la fabricación responsable de la viscosa y modal». A esto se le suma que «el gigante textil está rediseñando todos sus embalajes para que en 2023 sean más sostenibles, reduciendo la cantidad de materia prima empleada y unificando materiales para facilitar su reutilización y reciclaje, así como para garantizar que ese mismo año no lleguen plásticos de un solo uso al cliente. Asimismo, trabaja para alcanzar el residuo cero en sus instalaciones propias».
De cara al 2025, Zara busca «reducir al menos un 25% el impacto del agua en su cadena de suministro para 2025. Ese mismo año, todo el lino y poliéster serán más sostenibles o reciclados, y se reutilizarán o reciclarán todos los plásticos que se usan en su actividad». Por último, «el gran objetivo final, para reducir los efectos del cambio climático, es alcanzar la neutralidad climática en 2040. Esto significa tener cero emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) o que las que se emitan a la atmósfera se compensen, mediante una transición hacia las energías renovables y un uso más ecoeficiente de los recursos».
Mango y su apuesta por la línea «Committed»
Por otro lado, la casa catalana acaba de anunciar el adelanto de una serie de objetivos en materia de compromiso con el medioambiente. El objetivo final es lograr ser una compañía neta en emisiones para el año 2050. Antes de esto, Mango focalizará toda su energía en «tres pilares centrales, Committed to the Planet (Compromiso con el planeta), Committed to Community (Compromiso con la comunidad) y Committed to the Value Chain (Compromiso con la cadena de valor), que actúan a modo de pulsiones encargadas de dirigir sus distintas acciones en materia de sostenibilidad, la política de Mango sobre compromiso ambiental y con el entorno se sustenta en un Plan Estratégico que la multinacional textil se encarga de revisar anualmente», descubrimos en Fashion United.
«Dentro de esta ambiciosa estratégica en materia de sostenibilidad, como próximos nuevos logros a alcanzar dentro del ámbito de diseño de producto, desde Mango se han marcado como nuevo objetivo estratégico el lograr que el 100 por cien de sus prendas pasen a estar catalogadas como “Committed” para este mismo año de 2022. Siendo esta etiqueta el epígrafe bajo el que la compañía textil marca a todos aquellos artículos con menor impacto ambiental, que contienen un mínimo de un 30 por ciento de fibras más sostenibles y/o que han sido fabricados mediante procesos de producción más sostenibles y comprometidos, que en comparación con sus alternativas convencionales».
En Mango también hablan acerca de la fabricación y la producción. «Sobre el camino que va de la materia prima a la confección final de la prenda, desde Mango, siguiendo con su estrategia de compromiso y con su cadena de valor, seguirán por su parte garantizando la adopción de unos métodos de fabricación cada vez más sostenibles, y que en cualquier caso, tanto para las prendas “Committed” como para el resto de sus artículos, se practicarán de la mano de unos proveedores y de unas fábricas sobre las que, aseguran, se llevan a cabo auditorías sociales con el fin de garantizar el que se dan cumplimiento a las debidas medidas éticas y de seguridad que desde Mango establecen para su red de proveedores y para el conjunto de su cadena de valor».
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Las nuevas tendencias del mercado se traducen en un incremento en el precio de las prendas del «fast fashion». Sigue leyendo si quieres descubrir el por qué de este fenómeno que está cambiando las reglas de la industria.
El «fast fashion» está en pleno proceso de cambio. La economía global, las nuevas preocupaciones del consumidor y la velocidad que exige el mercado son factores clave de esta evolución. Asimismo, la compleja situación política a nivel internacional también entra en juego. La suma de todos estos puntos genera que la moda «low cost» replantee una de sus principales características: la asequibilidad de sus precios. El poder de la economía circular ejerce presión en una industria que ha sido cuestionada por posibles desigualdades y abusos que ofrece la Tierra. En talentiamapoyamos una moda con conciencia y analizamos el por qué de la subida de precios del sector ‘fast fashion’.
Fábrica de moda en Asia. @ocasia.es
La «neo relocalización» de la moda (o el nacimiento del “nearshoring”)
La producción en puntos de Asia ya no es tan económica como antes. La lucha por los derechos humanos ha logrado que los salarios de los trabajadores de las fábricas asiáticas sean más altos. Ahora los ‘puntos calientes’ de fabricación a nivel mundial están bajo la lupa de las principales organizaciones de derechos humanos. Este cambio ha producido que la brecha entre los costes asiáticos y los de “cercanía” haya disminuido significativamente.
Países como Estados Unidos ven su futuro en México y zonas como Europa encuentran en Turquía, Portugal y el Norte de África puntos estratégicos para conseguir una producción rápida y a un coste razonable para sus intereses. ¿Qué produce esta modificación en la estrategia de algunas compañías de la industria? Ahora encontramos nuevos productos en tiendas como Zara y Mango cada semana, pero el precio de estas prendas asciende como la espuma debido a su fabricación «próxima» denominada «nearshoring».
El ritmo frenético de consumo
Como hemos comentado en el apartado anterior, el «nearshoring» favorece la veloz entrada y salida de productos de las tiendas. Esta nueva tendencia produce un recorte en la cantidad de unidades confeccionadas por modelo pero un ascenso en el número de prendas por colección. Parte de los consumidores (cada vez más deseosos de novedades) no son conscientes de los costes de producción que conlleva este hábito. Los equipos de diseño crecen, la fabricación se dispara y la logística se acelera. Encontrar productos nuevos a diario en las tiendas «fast fashion» es el resultado de un desequilibrio en la cadena productiva que se ve reflejado en lo que gasta el usuario en cada compra.
Costureras trabajan en la fábrica de Crispim Abreu en Serzedelo. @elespanol.com
La era del e-commerce
El comercio online escala posiciones a un nivel frenético. Según modaes.es, más de 11,9 millones de consumidores españoles adquirieron en 2017 algún artículo de moda en Internet. Aunque a priori este dato puede resultar sonriente para las empresas, nada más lejos de la realidad. En moda se devuelve cerca del 30% de las prendas que se ha comprado online y este dato pasa factura. Algunos especialistas han bautizado el e-commerce como ‘el negocio de ida y vuelta’ – según elmundo.es – y es un nombre que se ajusta perfectamente a la realidad.
Muchas empresas del sector ya incluyen en sus presupuestos anuales una partida llamada «pérdidas por devoluciones». Éstas perdidas engloban factores como los gastos en logística, los errores humanos en los procesos de devolución o los productos que «desaparecen» en el camino. Empresas como Amazon están comenzando a sancionar a los clientes que devuelven más productos de los que compran pero aún queda un largo camino por recorrer. Para poder lidiar con estas nuevas partidas de gastos que provienen del comercio electrónico, las compañías hinchan los precios de sus productos para equilibrar la balanza.
El auge de la sostenibilidad
«El futuro de la moda será sostenible o no será» defienden muchos titulares estos últimos meses. La tendencia «slow fashion» abre paso con unas prácticas que favorecen la salud del Planeta Tierra. Este nuevo movimiento entiende una moda que respeta las prácticas comerciales justas, evita la explotación infantil y tiene en cuenta las materias primas y los costes medioambientales del transporte. Gigantes del «fast fashion», como el grupo Inditex y Mango, ya cuentan con colecciones «eco-friendly» con las que garantizan su compromiso social y medioambiental.
Eso si, no es oro todo lo que reluce, ya que numerosos expertos apuntan a que este tipo de iniciativas son un «lavado de cara» para la imagen de ambas compañías. Más allá de la polémica que rodea a la llegada de la moda sostenible al universo del «low cost», es un paso más hacia un futuro «eco» y tiene un precio. Zara cuenta con un 90% de tiendas eco‑eficientes y con unas oficinas que consumen energía de fuentes renovables que respetan el medioambiente. Todos estos beneficios ambientales se ven reflejados en el coste final de las prendas.
«Who made your clothes» campaign. @fashionrevolution.org
El «nuevo» consumidor
El «ethical living» se apodera de una sociedad que ve morir su fauna y desaparecer sus bosques. El «nuevo» consumidor se muestra preocupado por el futuro de la Tierra y pone todo su esfuerzo en mejorar su conducta. Esta tendencia, que vemos en numerosos aspectos de nuestra vida, tiene un gran impacto en la industria de la moda. Las ventas descienden porque el usuario se ha vuelto más exigente y rechaza el sistema tradicional. La época de las «vacas gordas» en el sector se ha acabado: ahora ya no todo vale. El consumidor quiere saber de dónde provienen los productos y quién los ha elaborado. De este modo, el «Fashion Revolution» o «fashtivism» deja una huella positiva en el planeta con campañas como «Who made your clothes». La transparencia en las políticas de las empresas de «fast fashion» pasa factura en el precio de venta de sus colecciones.
Una vez analizados algunos de los factores que conducen al aumento de los precios en el universo de la moda asequible, en talentiam nos preguntamos: ¿Nos encontramos ante la desaparición del sistema «fast fashion» tal y como lo conocemos hasta el momento? El tiempo dará respuesta a esta compleja pregunta.
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El éxito del comercio electrónico ha cambiado las reglas del juego en industrias como el retail y la moda. Algunos clientes piensan que comprar a través de Internet es beneficioso para el medio ambiente. ¿Es realmente sostenible el sistema ecommerce?
La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) acaba de presentar los datos de facturación del comercio electrónico en España en el tercer trimestre de 2018. Los datos hablan por si mismos: los ingresos han aumentado un 29,9% interanual hasta alcanzar los 10.116 millones de euros. Los clientes sienten mayor confianza para realizar sus compras a través de medios electrónicos y las empresas se ven obligadas a adoptar la omnicanalidad para no quedarse atrás en la era digital.
La moda se sitúa como la tercera actividad con más consumidores en Internet en España con un 5,5% del total de compras online a lo largo del último trimestre del 2018. Algunos ejemplos facilitan la compresión de estos datos: el ecommerce de Inditex supone el 12% de las ventas mundiales y Mango espera que en 2019 su ecommerce represente el 20% de las ventas totales.
A simple vista el comercio electrónico parece favorecer la sostenibilidad ya que abandona los puntos de venta físicos y las consecuencias que las tiendas tienen sobre el medio ambiente. En talentiam vamos un paso más allá y analizamos lo que esconde este sistema para poder comprobar cómo no todo es oro lo que reluce.
@Sur/Sac
Ventajas del ecommerce
El sistema de compra electrónica cuenta con una gran baza a su favor: abandonar el punto de venta física supone reducir significativamente la energía eléctrica que demanda una tienda. El aire acondicionado, la calefacción o el uso de luz durante una jornada de 12 horas supone un potente desperdicio de energía para mantener en óptimas condiciones un comercio.
Más allá de la energía útil, el ecommerce relega el dinero físico a un segundo plano. De este modo, favorece la disminución de árboles talados para este fin. Los números son alarmantes: 300 millones de toneladas de papel se requieren cada año para fabricar billetes a escala mundial. La compra-venta en medios digitales no sólo evita el empleo del dinero físico, sino que también alarga la vida del papel moneda que ya se encuentra en circulación. Además, el aumento en el uso de los dispositivos electrónicos para realizar pagos minimiza la posibilidad de dar alas a la economía sumergida.
Por otro lado, las principales compañías del mundo de la moda y el retail apuestan por el ecodiseño. El packaging sostenible va un paso más allá del diseño del producto, también cuida el tipo de materiales utilizados, la separación de los mismos cuando el producto llega a su fase de residuo y la correcta optimización de los medios de producción. Asimismo, también tiene en cuenta la reducción de las emisiones y el uso de energías renovables en la producción del producto. El ecommerce tiene mucho potencial para nuestro futuro si se gestiona desde un punto de vista sostenible.
@Shon Mott FW15 Collection
Desventajas del ecommerce
Entre el fin de los puntos de venta físicos, la reducción del papel moneda y el packaging ecológico encontramos varios factores que derrumban el poder sostenible del ecommerce. La presión en los plazos de entrega del comercio electrónico ha visto subir como la espuma los accidentes en la carretera. El País analizaba la situación el pasado marzo y abría una noticia con el siguiente titular: «La compra ‘online’ dispara el peligro de accidente de las furgonetas». Además, el artículo apuntaba: «Las colisiones en vehículos de transporte ligero suben un 55% por el ‘boom’ del comercio electrónico. La DGT impulsa un plan de acción en un sector con una creciente precariedad».
Amazon es la plataforma favorita de los españoles y también la que peor puntuación obtiene en conducta sostenible. Según dictamina un estudio de Etich, «El sector del transporte supone más del 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero» y «25 pedidos ‘online’ contaminan más que una jornada de compras en coche privado a un centro comercial». Unos datos como mínimo sorprendentes que el usuario debería conocer antes de apostar por la compra en medios digitales.
Dejando el transporte, la alta tasa de devoluciones se suma al desastre biológico del ecommerce. Según informa El Mundo, «En moda se devuelve cerca del 30% de las prendas que se ha comprado online. Esto tiene importantes costes para las empresas de ecommerce. La devolución, por ejemplo, «supone el doble de coste en transporte que una entrega, ya que el proceso logístico se repite, pero a la inversa»».